Cómo saber si tu marca está bien diseñada (y no solo linda)
Hay un momento en el que toda emprendedora se hace la misma pregunta frente a su logo: ¿esto está bien? Y la respuesta que se da casi siempre es una opinión estética, si le gusta o no le gusta, si combina con lo que tenía en mente. El problema es que el diseño de marca no se evalúa por gusto personal, se evalúa por función. Un logo no está para gustarte a vos, está para trabajar: tiene que identificarte, tiene que verse igual de bien en cualquier lado y tiene que quedarse en la cabeza de quien lo ve. Si no cumple eso, por más que te encante, no está bien diseñado.Norberto Chaves y Raúl Belluccia, dos referentes de la identidad visual, lo explican con una idea simple: un signo de marca tiene atributos técnicos que se pueden evaluar de forma objetiva, más allá del gusto. Y esos atributos son justamente los que definen si tu marca funciona o si es una imagen bonita que se rompe apenas la sacás del PDF de la presentación..
Tiene que verse bien en cualquier soporte
Tu logo no vive solo en tu feed de Instagram con fondo blanco y buena resolución. Vive en una remera bordada, en una tarjeta impresa, en un cartel de neón, en el sello de una bolsa de papel, en el favicon minúsculo de tu web. Y en cada uno de esos soportes tiene que seguir siendo reconocible.
Acá es donde más marcas fallan, porque suelen diseñarse pensando en una sola aplicación (generalmente digital, con degradé y sombra) y se olvidan de que ese mismo signo después hay que bordarlo, grabarlo o imprimirlo en un solo color. Si tu logo tiene ocho matices de gradiente, letras finísimas o una textura compleja, cuando lo lleves a un soporte físico se va a deformar, se van a perder los detalles y vas a terminar con una versión que no se parece a la original. Por eso el exceso de efectos, sombras y texturas no es una cuestión de estilo, es un problema técnico: cada capa que le sumás es una capa que se puede perder al reproducirlo.
Tiene que funcionar en cualquier circunstancia
Una marca bien diseñada se lee igual de rápido si la ves pasando por la calle que si la estás mirando con calma en un catálogo. Eso significa que no puede depender del contexto para ser entendida. Si tu logo necesita que la persona se detenga, entrecierre los ojos y piense «ah, ahora entiendo qué es», ya perdiste. La lectura tiene que ser inmediata, tanto a distancia como de cerca, tanto en un segundo como en diez.
Esto también aplica a la escala: un signo que funciona en un cartel de dos metros pero se convierte en una mancha ilegible cuando lo achicás a favicon, no está resuelto. Tenés que poder achicarlo al mínimo y agrandarlo al máximo sin que pierda su función.
Tiene que ser pregnante
EPregnancia es la capacidad de una forma para grabarse en la memoria con facilidad. No tiene que ver con ser llamativo por ser llamativo, tiene que ver con tener una estructura simple y reconocible que el ojo capte rápido y el cerebro retenga. Pensá en los logos que te acordás sin esfuerzo: casi siempre son formas simples, con buen contraste, sin elementos innecesarios. Cuantos más detalles le metas a un signo, más difícil es que se quede grabado, porque la memoria trabaja mejor con formas simples que con composiciones cargadas.
Si tu logo necesita explicación para que se entienda qué representa, o si a la gente le cuesta describírtelo de memoria después de haberlo visto, el problema no es de gusto, es de pregnancia.
Tiene que ser atemporal
Salvo que tu marca busque deliberadamente remitir a una época (un negocio con estética retro de los 80, por ejemplo, donde eso es parte de la propuesta), tu identidad visual tiene que estar diseñada para durar. Esto significa evitar tipografías o recursos gráficos que estén de moda hoy pero que en tres años se vean claramente desactualizados, como pasó con los degradados excesivos de una época o las tipografías ultra finas que después se volvieron sinónimo de «diseño 2015».
Una marca atemporal no envejece mal porque no depende de una tendencia visual del momento, depende de principios de diseño que se sostienen en el tiempo. Eso no significa que tenga que ser aburrida, significa que la decisión de sumar un elemento tendencia tiene que ser consciente y justificada, no una copia de lo que está circulando.
Evaluá tu marca con estos criterios, no con tu gusto
Si tu logo cumple estos cuatro puntos (se reproduce bien en cualquier soporte, se lee rápido en cualquier circunstancia, es pregnante y es atemporal) entonces está bien diseñado, más allá de si a vos personalmente te encanta o no. Y si falla en alguno, ya sabés exactamente qué corregir, porque no es una sensación vaga de «no me convence», es un problema técnico puntual.
Agarrá tu logo ahora mismo y hacé la prueba: imprimilo en blanco y negro, achicalo al tamaño de un favicon y mostráselo dos segundos a alguien que no lo conozca. Si sigue siendo reconocible, vas por buen camino. Si no, ya tenés el primer punto de tu lista de rediseño.
